18/6/10

Homilía de Su Santidad Benedicto XVI en la Santa Misa de Clausura del Año Sacerdotal, Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús

Homilía de Su Santidad Benedicto XVI en la

Santa Misa de Clausura del Año Sacerdotal,

Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús


Viernes 18 de Junio del Año del Señor 2010


CLAUSURA DEL AÑO SACERDOTAL

SANTA MISA

HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI


Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús

Plaza de San Pedro

Viernes 11 de Junio de 2010


Queridos hermanos en el Ministerio Sacerdotal,

queridos hermanos y hermanas:


El Año Sacerdotal que hemos celebrado, 150 años después de la muerte del Santo Cura de Ars, modelo del Ministerio Sacerdotal en nuestros días, llega a su fin. Nos hemos dejado guiar por el Cura de Ars para comprender de nuevo la grandeza y la belleza del Ministerio Sacerdotal. El Sacerdote no es simplemente alguien que detenta un oficio, como aquellos que toda sociedad necesita para que puedan cumplirse en ella ciertas funciones. Por el contrario, el Sacerdote hace lo que ningún ser humano puede hacer por sí mismo: pronunciar en Nombre de Cristo la palabra de Absolución de nuestros pecados, cambiando así, a partir de Dios, la situación de nuestra vida. Pronuncia sobre las Ofrendas del Pan y el Vino las Palabras de Acción de Gracias de Cristo, que son Palabras de Transustanciación, Palabras que lo hacen presente a Él mismo, el Resucitado, su Cuerpo y su Sangre, transformando así los elementos del mundo; son Palabras que abren el mundo a Dios y lo unen a Él. Por tanto, el Sacerdocio no es un simple «oficio», sino un Sacramento: Dios se vale de un hombre con sus limitaciones para estar, a través de él, presente entre los hombres y actuar en su favor. Esta Audacia de Dios, que se abandona en las manos de seres humanos; que, aún conociendo nuestras debilidades, considera a los hombres capaces de actuar y presentarse en su lugar, esta Audacia de Dios es realmente la mayor grandeza que se oculta en la palabra «Sacerdocio». Que Dios nos considere capaces de esto; que por eso llame a su servicio a hombres y, así, se una a ellos desde dentro, esto es lo que en este Año hemos querido de nuevo considerar y comprender. Queríamos despertar la alegría de que Dios esté tan cerca de nosotros, y la gratitud por el hecho de que Él se confíe a nuestra debilidad; que Él nos guíe y nos ayude día tras día. Queríamos también, así, enseñar de nuevo a los jóvenes que esta Vocación, esta comunión de servicio por Dios y con Dios, existe; más aún, que Dios está esperando nuestro «sí». Junto con la Iglesia, hemos querido destacar de nuevo que tenemos que pedir a Dios esta Vocación. Pedimos trabajadores para la mies de Dios, y esta Plegaria a Dios es, al mismo tiempo, una Llamada de Dios al corazón de jóvenes que se consideren capaces de eso mismo para lo que Dios los cree capaces. Era de esperar que al «enemigo» no le gustara que el Sacerdocio brillara de nuevo; él hubiera preferido verlo desaparecer, para que al fin Dios fuera arrojado del mundo. Y así ha ocurrido que, precisamente en este Año de alegría por el Sacramento del Sacerdocio, han salido a la luz los pecados de los Sacerdotes, sobre todo el abuso a los pequeños, en el cual el Sacerdocio, que lleva a cabo la solicitud de Dios por el Bien del hombre, se convierte en lo contrario. También nosotros pedimos perdón insistentemente a Dios y a las personas afectadas, mientras prometemos que queremos hacer todo lo posible para que semejante abuso no vuelva a suceder jamás; que en la admisión al Ministerio Sacerdotal y en la formación que prepara al mismo haremos todo lo posible para examinar la autenticidad de la Vocación; y que queremos acompañar aún más a los Sacerdotes en su camino, para que el Señor los proteja y los custodie en las situaciones dolorosas y en los peligros de la vida. Si el Año Sacerdotal hubiera sido una glorificación de nuestros logros humanos personales, habría sido destruido por estos hechos. Pero, para nosotros, se trataba precisamente de lo contrario, de sentirnos agradecidos por el don de Dios, un don que se lleva en «vasijas de barro», y que una y otra vez, a través de toda la debilidad humana, hace visible su Amor en el mundo. Así, consideramos lo ocurrido como una tarea de purificación, un quehacer que nos acompaña hacia el futuro y que nos hace reconocer y amar más aún el gran don de Dios. De este modo, el don se convierte en el compromiso de responder al Valor y la Humildad de Dios con nuestro valor y nuestra humildad. La Palabra de Cristo, que hemos entonado como Canto de Entrada en la Liturgia, puede decirnos en este momento lo que significa hacerse y ser Sacerdotes: «Cargad con mi yugo y aprended de Mí, que soy manso y humilde de Corazón» (San Mateo 11,29).



Celebramos la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús y con la Liturgia echamos una mirada, por así decirlo, dentro del Corazón de Jesús, que al morir fue traspasado por la lanza del soldado romano. Sí, su Corazón está abierto por nosotros y ante nosotros; y con esto nos ha abierto el Corazón de Dios mismo. La Liturgia interpreta para nosotros el Lenguaje del Corazón de Jesús, que habla sobre todo de Dios como Pastor de los hombres, y así nos manifiesta el Sacerdocio de Jesús, que está arraigado en lo íntimo de su Corazón; de este modo, nos indica el perenne fundamento, así como el criterio válido de todo Ministerio Sacerdotal, que debe estar siempre anclado en el Corazón de Jesús y ser vivido a partir de Él. Quisiera meditar hoy, sobre todo, los textos con los que la Iglesia orante responde a la Palabra de Dios proclamada en las Lecturas. En esos Cantos, palabra y respuesta se compenetran. Por una parte, están tomados de la Palabra de Dios, pero, por otra, son ya al mismo tiempo la respuesta del hombre a dicha Palabra, respuesta en la que la Palabra misma se comunica y entra en nuestra vida. El más importante de estos Textos en la Liturgia de hoy es el Salmo 23 [22] —«El Señor es mi Pastor»—, en el que el Israel orante acoge la Autorrevelación de Dios como Pastor, haciendo de esto la orientación para su propia vida. «El Señor es mi Pastor, nada me falta». En este primer Versículo se expresan alegría y gratitud porque Dios está presente y cuida de nosotros. La Lectura tomada del Libro de Ezequiel empieza con el mismo tema: «Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro» (Ezequiel 34,11). Dios cuida personalmente de mí, de nosotros, de la humanidad. No me ha dejado sólo, extraviado en el Universo y en una sociedad ante la cual uno se siente cada vez más desorientado. Él cuida de mí. No es un Dios lejano, para quien mi vida no cuenta casi nada. Las Religiones del mundo, por lo que podemos ver, han sabido siempre que, en último análisis, sólo hay un Dios. Pero este Dios era lejano. Abandonaba aparentemente el mundo a otras potencias y fuerzas, a otras divinidades. Había que llegar a un acuerdo con éstas. El Dios Único era bueno, pero lejano. No constituía un peligro, pero tampoco ofrecía ayuda. Por tanto, no era necesario ocuparse de Él. Él no dominaba. Extrañamente, esta idea ha resurgido en la Ilustración. Se aceptaba no obstante que el mundo presupone un Creador. Este Dios, sin embargo, habría construido el mundo, para después retirarse de él. Ahora el mundo tiene un conjunto de leyes propias según las cuales se desarrolla, y en las cuales Dios no interviene, no puede intervenir. Dios es sólo un origen remoto. Muchos, quizás, tampoco deseaban que Dios se preocupara de ellos. No querían que Dios los molestara. Pero allí donde la cercanía del Amor de Dios se percibe como molestia, el ser humano se siente mal. Es bello y consolador saber que hay una persona que me quiere y cuida de mí. Pero es mucho más decisivo que exista ese Dios que me conoce, me quiere y se preocupa por mí. «Yo conozco mis ovejas y ellas me conocen» (San Juan 10,14), dice la Iglesia antes del Evangelio con una Palabra del Señor. Dios me conoce, se preocupa de mí. Este pensamiento debería proporcionarnos realmente alegría. Dejemos que penetre intensamente en nuestro interior. En ese momento comprendemos también qué significa: Dios quiere que nosotros como Sacerdotes, en un pequeño punto de la Historia, compartamos sus preocupaciones por los hombres. Como Sacerdotes, queremos ser personas que, en comunión con su Amor por los hombres, cuidemos de ellos, les hagamos experimentar en lo concreto esta Atención de Dios. Y, por lo que se refiere al ámbito que se le confía, el Sacerdote, junto con el Señor, debería poder decir: «Yo conozco mis ovejas y ellas me conocen». «Conocer», en el sentido de la Sagrada Escritura, nunca es sólamente un saber exterior, igual que se conoce el número telefónico de una persona. «Conocer» significa estar interiormente cerca del otro. Quererle. Nosotros deberíamos tratar de «conocer» a los hombres de parte de Dios y con vistas a Dios; deberíamos tratar de caminar con ellos en la vía de la amistad de Dios.



Volvamos al Salmo. Allí se dice: «Me guía por el sendero justo, por el honor de su Nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque Tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan» (23 [22], 3s). El pastor muestra el camino correcto a quienes le están confiados. Los precede y guía. Digámoslo de otro modo: el Señor nos muestra cómo se realiza en modo justo nuestro ser hombres. Nos enseña el arte de ser persona. ¿Qué debo hacer para no arruinarme, para no desperdiciar mi vida con la falta de sentido? En efecto, ésta es la pregunta que todo hombre debe plantearse y que sirve para cualquier período de la vida. ¡Cuánta oscuridad hay alrededor de esta pregunta en nuestro tiempo! Siempre vuelve a nuestra mente la Palabra de Jesús, que tenía compasión por los hombres, porque estaban como ovejas sin pastor. Señor, ten piedad también de nosotros. Muéstranos el Camino. Sabemos por el Evangelio que Él es el Camino. Vivir con Cristo, seguirlo, esto significa encontrar el Sendero justo, para que nuestra vida tenga sentido y para que un día podamos decir: “Sí, vivir ha sido algo bueno”. El pueblo de Israel estaba y está agradecido a Dios, porque ha mostrado en los Mandamientos el Camino de la Vida. El gran Salmo 119 (118) es una expresión de alegría por este hecho: nosotros no andamos a tientas en la oscuridad. Dios nos ha mostrado cuál es el Camino, cómo podemos caminar de manera justa. La Vida de Jesús es una Síntesis y un Modelo Vivo de lo que afirman los Mandamientos. Así comprendemos que estas Normas de Dios no son cadenas, sino el Camino que Él nos indica. Podemos estar alegres por ellas y porque en Cristo están ante nosotros como una realidad vivida. Él mismo nos hace felices. Caminando junto a Cristo tenemos la experiencia de la alegría de la Revelación, y como Sacerdotes debemos comunicar a la gente la alegría de que nos haya mostrado el Camino justo de la Vida.



Después viene una Palabra referida a la “cañada oscura”, a través de la cual el Señor guía al hombre. El camino de cada uno de nosotros nos llevará un día a la cañada oscura de la muerte, a la que ninguno nos puede acompañar. Y Él estará allí. Cristo mismo ha descendido a la noche oscura de la muerte. Tampoco allí nos abandona. También allí nos guía. “Si me acuesto en el abismo, allí te encuentro”, dice el Salmo 139 (138). Sí, Tú estás presente también en la última fatiga, y así el Salmo Responsorial puede decir: también allí, en la cañada oscura, nada temo. Sin embargo, hablando de la cañada oscura, podemos pensar también en las cañadas oscuras de las tentaciones, del desaliento, de la prueba, que toda persona humana debe atravesar. También en estas cañadas tenebrosas de la vida Él está allí. Señor, en la oscuridad de la tentación, en las horas de la oscuridad, en que todas las luces parecen apagarse, muéstrame que Tú estás allí. Ayúdanos a nosotros, Sacerdotes, para que podamos estar junto a las personas que en esas noches oscuras nos han sido confiadas, para que podamos mostrarles tu Luz.



«Tu vara y tu cayado me sosiegan»: el pastor necesita la vara contra las bestias salvajes que quieren atacar el rebaño; contra los salteadores que buscan su botín. Junto a la vara está el cayado, que sostiene y ayuda a atravesar los lugares difíciles. Las dos cosas entran dentro del Ministerio de la Iglesia, del Ministerio del Sacerdote. También la Iglesia debe usar la vara del pastor, la vara con la que protege la Fe contra los farsantes, contra las orientaciones que son, en realidad, desorientaciones. En efecto, el uso de la vara puede ser un servicio de Amor. Hoy vemos que no se trata de Amor, cuando se toleran comportamientos indignos de la Vida Sacerdotal. Como tampoco se trata de Amor si se deja proliferar la herejía, la tergiversación y la destrucción de la Fe, como si nosotros inventáramos la Fe autónomamente. Como si ya no fuese un don de Dios, la perla preciosa que no dejamos que nos arranquen. Al mismo tiempo, sin embargo, la vara continuamente debe transformarse en el cayado del Pastor, cayado que ayude a los hombres a poder caminar por senderos difíciles y seguir a Cristo.



Al final del Salmo, se habla de la mesa preparada, del perfume con que se unge la cabeza, de la copa que rebosa, del habitar en la Casa del Señor. En el Salmo, esto muestra sobre todo la perspectiva del Gozo por la Fiesta de estar con Dios en el Templo, de ser hospedados y servidos por Él mismo, de poder habitar en su Casa. Para nosotros, que rezamos este Salmo con Cristo y con su Cuerpo que es la Iglesia, esta perspectiva de esperanza ha adquirido una amplitud y profundidad todavía más grande. Vemos en estas Palabras, por así decir, una anticipación profética del Misterio de la Eucaristía, en la que Dios mismo nos invita y se nos ofrece como Alimento, como aquel Pan y aquel Vino exquisito que son la única Respuesta última al hambre y a la sed interior del hombre. ¿Cómo no alegrarnos de estar invitados cada día a la misma Mesa de Dios y habitar en su Casa? ¿Cómo no estar alegres por haber recibido de Él este Mandato: “Haced esto en memoria mía”? Alegres porque Él nos ha permitido preparar la Mesa de Dios para los hombres, de ofrecerles su Cuerpo y su Sangre, de ofrecerles el Don precioso de su misma Presencia. Sí, podemos rezar juntos con todo el corazón las Palabras del Salmo: «Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida» (23 [22], 6).



Por último, veamos brevemente los dos Cantos de Comunión sugeridos hoy por la Iglesia en su Liturgia. Ante todo, está la Palabra con la que San Juan concluye el relato de la Crucifixión de Jesús: «uno de los soldados con la lanza le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua» (San Juan 19,34). El Corazón de Jesús es traspasado por la lanza. Se abre, y se convierte en una Fuente: el Agua y la Sangre que manan aluden a los dos Sacramentos fundamentales de los que vive la Iglesia: el Bautismo y la Eucaristía. Del Costado traspasado del Señor, de su Corazón abierto, brota la Fuente viva que mana a través de los siglos y edifica la Iglesia. El Corazón abierto es Fuente de un nuevo Río de Vida; en este contexto, Juan ciertamente ha pensado también en la Profecía de Ezequiel, que ve manar del nuevo templo un río que proporciona fecundidad y vida (Ezequiel 47): Jesús mismo es el Nuevo Templo, y su Corazón abierto es la Fuente de la que brota un Río de Vida Nueva, que se nos comunica en el Bautismo y la Eucaristía.



La Liturgia de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, sin embargo, prevé como Canto de Comunión otra Palabra, afín a ésta, extraída del Evangelio de Juan: «El que tenga sed, que venga a Mí; el que cree en Mí que beba. Como dice la Escritura: De sus entrañas manarán torrentes de agua viva» (cfr. San Juan 7,37s). En la Fe bebemos, por así decir, del Agua Viva de la Palabra de Dios. Así, el creyente se convierte él mismo en una fuente, que da agua viva a la tierra reseca de la historia. Lo vemos en los Santos. Lo vemos en María que, como gran Mujer de Fe y de Amor, se ha convertido a lo largo de los siglos en Fuente de Fe, Amor y Vida. Cada Cristiano y cada Sacerdote deberían transformarse, a partir de Cristo, en fuente que comunica Vida a los demás. Deberíamos dar el Agua de la Vida a un mundo sediento. Señor, te damos gracias porque nos has abierto tu Corazón; porque en tu Muerte y Resurrección te has convertido en Fuente de Vida. Haz que seamos personas vivas, vivas por tu Fuente, y danos ser también nosotros fuente, de manera que podamos dar agua viva a nuestro tiempo. Te agradecemos la Gracia del Ministerio Sacerdotal. Señor, bendícenos y bendice a todos los hombres de este tiempo que están sedientos y buscando. Amén.



(...) Saludo cordialmente a los Presbíteros de Lengua Española, y pido a Dios que esta Celebración se convierta en un vigoroso impulso para seguir viviendo con gozo, humildad y esperanza su Sacerdocio, siendo Mensajeros audaces del Evangelio, Ministros fieles de los Sacramentos y Testigos elocuentes de la Caridad. Con los Sentimientos de Cristo, Buen Pastor, os invito a continuar aspirando cada día a la Santidad, sabiendo que no hay mayor felicidad en este mundo que gastar la vida por la Gloria de Dios y el Bien de las almas.


Fuente:

http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2010/documents/hf_ben-xvi_hom_20100611_concl-anno-sac_sp.html


¡Perdure para siempre en sus almas el paisaje bellísimo de Enseñanzas del Año Sacerdotal!

¡ Perdure para siempre en sus almas el paisaje

bellísimo de Enseñanzas del Año Sacerdotal !


Viernes 18 de Junio del Año del Señor 2010


Queridos Amigos míos:


¡ Paz y Bien ! Como Ustedes saben, se ha celebrado la Clausura del Año Sacerdotal coincidiendo con la hermosísima Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Es posible que sintamos cierta nostalgia al despedir un Año tan maravilloso, pero hemos de animarnos con el recuerdo de todo lo bueno que vivimos, con la certeza de que nuestros queridos Sacerdotes continúan a nuestro lado, y con el compromiso sincero de seguir apoyándolos y orando por ellos en todo momento.


¿Y cómo olvidar todas las valiosísimas Lecciones que hemos aprendido en este Año Sacerdotal, en particular, de nuestro muy amado Santo Padre Benedicto XVI? ¡Él también nos ama profundamente, nos cuida y camina con nosotros hacia Dios! Guarda tan preciosas Virtudes en su alma nuestro Sumo Pontífice, que no sólo los Presbíteros están llamados a imitarlo, sino todos nosotros, la Nación Consagrada del Señor.


Apenas un leve trazo del paisaje bellísimo de Enseñanzas del Año Sacerdotal está en este Blog, pero es tan diminuto, y en cambio, es tal «la grandeza y la belleza del Ministerio Sacerdotal» (Su Santidad Benedicto XVI), que en estas páginas, con la Ayuda de Dios y de la Santísima Virgen, habrán más trazos para enriquecer ese paisaje.


Me despido de Ustedes ahora, mi querido Sacerdocio Real, dejándoles un texto sobre la expresión «Año del Señor» que empecé a utilizar hoy en la fecha. ¡Guíen sus almas a la Eternidad la Ternura de Nuestra Madre María y el Amor de Nuestro Señor Jesucristo!, Irene



EL AÑO DEL SEÑOR: LA CELEBRACIÓN ANUAL

DE LOS MISTERIOS SALVÍFICOS DE CRISTO


La Santificación del Tiempo concierne no sólo a las veinticuatro horas del día a través del Oficio Divino, sino también al Círculo del Año en el que la Iglesia «desarrolla todo el Misterio de Cristo, desde la Encarnación y el Nacimiento hasta la Ascensión, el Día de Pentecostés y la expectativa de la Feliz Esperanza y Venida del Señor» (SC 102). Ahora bien, el comienzo del Año del Señor en el Rito Latino con el primer Domingo de Adviento, a causa del transcurso de sus Tiempos Festivos y Fiestas que pasa por la Fiesta del Nacimiento del Señor, por la Celebración de la Muerte y Resurrección, de la Ascensión y el Envío del Espíritu, por el Tiempo en el Círculo del Año, cuyos últimos Domingos preparan ya de nuevo para el próximo Adviento con la Proclamación de la Segunda Venida del Señor, podría provocar la impresión de que el Año del Señor pretende (al menos para el Tiempo entre Adviento y Pentecostés) celebrar anualmente en la Celebración Litúrgica, el transcurso de la Vida de Jesús y —si se cuentan además los Domingos en el Círculo del Año— el Tiempo de la Iglesia hasta la Segunda Venida. El sentido de la Celebración del Año del Señor no puede ser el de conmemorar cronológicamente los Acontecimientos de la Vida de Jesús en una reconstrucción historizadora. Todas las Fiestas y Días conmemorativos del Año del Señor celebran la redención del hombre por medio del Único Gran Hecho de Redención del Hijo de Dios que se hizo Hombre, fue crucificado, resucitó y ascendió al Cielo, como se manifiesta y está Presente en la Celebración Litúrgica. Así, el Círculo del Año que se repite continuamente es ya una imagen de la atemporal Plenitud de Vida de Dios, que se esconde detrás del decurso del Tiempo. El contenido de la Celebración del Año es el Misterio del Encuentro de Cristo con su Iglesia, «es decir, se trata de la Celebración de los Hechos Salvíficos del Señor en el hoy de este mundo y de la Iglesia. De este modo, el Año Eclesiástico contiene de hecho muchos aspectos de la Vida del Jesús Terrenal, si bien, el Cristo de la Historia es Uno con el Cristo Elevado (Cristo de la Fe). El Año Eclesiástico es, con ello, no un mero recuerdo de Acontecimientos aislados entresacados de la Vida Terrenal de Jesús, sino la Celebración de todo el Misterio de Cristo».


Fuente:

http://www.mercaba.org/LITURGIA/KUNZLER/565-582.htm


12/6/10

Mañana en Puntarenas, Costa Rica, rifa muy importante para las Fiestas de Julio en Honor a Nuestra Señora la Santísima Virgen del Carmen

Mañana en Puntarenas, Costa Rica, rifa muy

importante para las Fiestas de Julio en Honor

a Nuestra Señora la Santísima Virgen del Carmen


Sábado 12 de Junio del 2010, Año Sacerdotal


PREPARAN FIESTAS DEL MAR


Jueves, 3 Junio 2010


Transportar la Virgen del Carmen en una embarcación pesquera o camaronera por todo el Golfo de Nicoya es el sueño de muchos Pescadores de la provincia de Puntarenas, los cuales se alistan para postular sus barcos en la rifa que llevarán a cabo las Autoridades Religiosas de la Catedral el próximo 13 de Junio a las 6:00 p.m. Y la Misa Solemne en Honor a la Virgen del Carmen se realizará el 11 de Julio a las 10 a.m. en la Iglesia Catedral. Luego a partir de las 12 m.d. se efectuará la Procesión por el Golfo de Nicoya.


Fuente:

http://iglesiacr.org/principal/content/view/335/


Nuestra Señora la Santísima Virgen

del Carmen y el Niñito Jesús

Mons. Atilano Rodríguez nos pide no eludir nuestras “responsabilidades en la defensa de la Vida, la familia y el bien común”

Mons. Atilano Rodríguez nos pide no eludir

nuestras “responsabilidades en la defensa

de la Vida, la familia y el bien común”


Sábado 12 de Junio del 2010, Año Sacerdotal


Obispo a católicas: No eludir

defensa de vida y familia


MADRID/TOLEDO, 27 May. 10 / 05:31 a.m. (ACI/Europa Press)


El Obispo de Ciudad Rodrigo y Consejero de la Acción Católica, Mons. Atilano Rodríguez, pidió este Miércoles a las mujeres Católicas en particular y a todos, que no eludan sus responsabilidades en la defensa de la Vida, la familia y el bien común, durante el Acto de Celebración del 50 Aniversario de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católica (UMOFC).


"El ser humano debe ser el camino de la Iglesia y su prioridad en el futuro", añadió el Prelado, quien, además, recalcó que el valor del ser humano "no cambia" en una sociedad de "rápidos cambios sociales, políticos y Religiosos. "El ser humano tiene que ser centro y vértice de todo lo que existe sobre la tierra", agregó.


Por eso, pidió que sigan trabajando "contra toda forma de discriminación social, cultural, racial, económica o Religiosa", porque, en su opinión, estas discriminaciones son "causa de división y humillación de la familia humana".


En cualquier caso, reconoció que la Iglesia y la sociedad tienen "una gran deuda con las mujeres" por su contribución "a la humanización del mundo". "Es necesario agradecerles la difusión y extensión del Evangelio. Hoy hay muchas mujeres que son auténticos apóstoles, verdaderas evangelistas", agregó.


Por otra parte, también durante el Acto, mujeres que trabajan en el ámbito de UMOFC revelaron que una de las prioridades de esta Organización en los últimos años, ha sido la lucha contra la trata de mujeres con fines de explotación sexual. En este sentido, apostaron por ofrecer a las mujeres, sobre todo a las inmigrantes, los recursos suficientes para que no caigan en manos de las redes de explotación.


La UMOFC, fundada en 1910, representa en la actualidad a unas cien Organizaciones de mujeres Católicas de todo el mundo. Su Misión es la de promover la presencia, participación y corresponsabilidad de las mujeres Católicas en la sociedad y en la Iglesia, para que puedan cumplir con su Misión Evangelizadora y trabajar por el desarrollo humano.


Entre sus objetivos, destacan la colaboración "con todos" en la búsqueda de una sociedad "más justa y más solidaria", favorecer la promoción de la mujer para que se realice como persona y como Cristiana y promover su participación en la construcción de la sociedad.


Fuente:

http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=29737


Mons. Atilano Rodríguez Martínez,

Obispo de Ciudad Rodrigo

Salamanca, España

La Santa Biblia y el Ecumenismo

La Santa Biblia y el Ecumenismo


Sábado 12 de Junio del 2010, Año Sacerdotal


ASIA/HONG KONG - La dimensión

Ecuménica de la Sagrada Escritura y

la colaboración entre todos los Cristianos


Hong Kong (Agencia Fides) - “La Sagrada Escritura tiene una dimensión Ecuménica. La Diócesis puede realizar un rol fundamental en este campo”, declaró el P. Placid Wong, Superior Regional de los Franciscanos OFM y Director del Studium Biblicum de Hong Kong en ocasión de los 60 años de Fundación de la “Hong Kong Bible Society”.


Según cuanto afirma el Kong Ko Bao (Boletín Diocesano en versión China), también la Presidenta de “Hong Kong Bible Society” ha sostenido y solicitado un intercambio Bíblico Ecuménico entre todos los Cristianos durante la celebración por los 60 años de Fundación, “así podemos presentar la Biblia al mayor número de personas posible”. Además “juntos debemos también saber responder a las exigencias sociales hodiernas, promover una traducción adecuada al tiempo y lenguaje moderno, una Biblia que favorezca la formación de la Vida”.


También se manifestó el deseo de un mayor, amplio espacio de colaboración con la Iglesia Católica. Según la Coordinadora del Asia Noreste de la Catholic Biblical Federation, “la Pastoral Católica y la Protestante tienen características diversas, es difícil hacer formación Bíblica juntos. Sin embargo podemos inspirarnos en los aspectos mejores del otro. Por ejemplo, los Protestantes son ricos de celo en defender la Biblia, pero los Católicos somos buenos en vivir con la Palabra de Dios compartiéndola y formándonos en comunidad”. (NZ) (Agencia Fides, 19-5-2010)


Fuente:

http://www.fides.org/aree/news/newsdet.php?idnews=28751&lan=spa