Tras su llegada a Fátima a bordo de un helicóptero que aterrizó a esta ciudad Portuguesa a las 5:16 p.m. (hora local), y luego de ser recibido por el Obispo de Leiria-Fátima, Mons. Antonio Augusto Dos Santos Marto, el Papa Benedicto XVI se dirigió a la Capilla de las Apariciones y rezó ante la Virgen María.
Luego de tomarse una fotografía con los servidores militares que lo transportaron de Lisboa a Fátima, el Santo Padre llegó a la mencionada Capilla en donde realizó la siguiente Oración, acompañado de los Cantos de la multitudinaria asamblea: "Nosotros te aclamamos María", que en medio de vivas recibió al Vicario de Cristo en la explanada del Santuario:
"Señora Nuestra
y Madre de todos los hombres y mujeres,
aquí estoy como un hijo
que viene a visitar a su Madre
y lo hace en compañía
de una multitud de hermanos y hermanas.
Como Sucesor de Pedro,
al que se le confió la Misión
de presidir el Servicio
de la Caridad en la Iglesia de Cristo
y de confirmar a todos en la Fe
y en la Esperanza,
quiero presentar a tu Corazón Inmaculado
las alegrías y las esperanzas,
así como los problemas y los sufrimientos
de cada uno de estos hijos e hijas tuyos,
que se encuentran en Cova de Iria
o que nos acompañan desde la distancia.
Madre Amabilísima,
Tú conoces a cada uno por su nombre,
con su rostro y con su historia,
y quieres a todos
con Amor Materno,
que fluye del mismo corazón de Dios Amor.
Te confío a todos y los consagro a Ti.
María Santísima,
Madre de Dios y Madre nuestra.
El Venerable Papa Juan Pablo II,
que te visitó tres veces, aquí en Fátima,
y te agradeció aquella "Mano invisible"
que lo libró de la muerte,
en el atentado del trece de Mayo,
en la Plaza de San Pedro,
hace casi treinta años,
quiso ofrecer al Santuario de Fátima
la bala que lo hirió gravemente
y que fue colocada en
tu Corona de Reina de la Paz.
Nos consuela profundamente
saber que estás Coronada
no sólo con la plata
y el oro de nuestras alegrías y esperanzas,
sino también con la "bala"
de nuestras preocupaciones y sufrimientos.
Te agradezco, Madre querida,
las Oraciones y Sacrificios
que los Pastorcillos
de Fátima realizaron por el Papa,
animados por los sentimientos
que Tú les habías infundido en las Apariciones.
Agradezco igualmente a todos aquellos que,
cada día,
rezan por el Sucesor de Pedro
y sus Intenciones,
para que el Papa sea fuerte en la Fe,
audaz en la Esperanza y ferviente en el Amor.
Madre querida por todos nosotros,
te entrego aquí en tu Santuario de Fátima,
la Rosa de Oro
que he traído desde Roma,
como regalo de gratitud del Papa,
por las Maravillas que el Omnipotente
ha realizado por tu Mediación
en los corazones de tantos peregrinos
que vienen a esta tu Casa Materna.
Estoy seguro de que los Pastorcillos de Fátima,
los Beatos Francisco y Jacinta
y la Sierva de Dios Lucía de Jesús,
nos acompañan en este momento de Súplica y Júbilo".
Miércoles, 12 May. (RV).- Tras el Encuentro con el Mundo de la Cultura, Benedicto XVI ha visitado durante media hora al Primer Ministro de Portugal, José Sócrates. Según ha informado el Director de la Oficina de Prensa Vaticana y de esta Emisora, el P. Federico Lombardi, entre los argumentos debatidos se ha destacado la gran contribución de la Iglesia en el campo Social y Educativo de la Vida Portuguesa.
Asimismo, Sócrates y el Papa han analizado la buena relación Estado-Iglesia, gracias al diálogo con la Conferencia Episcopal Portuguesa, y se ha recordado la importancia de la Religión Católica como elemento unificador en los países de Lengua Portuguesa del mundo.
En el Encuentro estaban presentes junto al Santo Padre, el Cardenal Secretario de Estado Tarcisio Bertone, el Sustituto de la Secretaría de Estado Monseñor Filoni, y el Nuncio Apostólico de Portugal Monseñor Rino Passigato. A Sócrates en cambio le acompañaba el Ministro de Exteriores Luis Amado (...).
El Papa Benedicto XVI ha roto esta Miércoles el protocolo y las medidas de seguridad para saludar a los niños congregados a la salida del Palacio de Belém de la Capital Portuguesa, donde el Pontífice ha mantenido un Encuentro con Artistas y Personalidades del Mundo de la Cultura.
Según informa la Página Web Oficial de la Visita Papal, el hecho se produjo cuando el vehículo en el que viajaba Benedicto XVI se detuvo momentáneamente nada más partir, cuando el Pontífice abandonó el coche blindado para saludar a los niños.
"Salió del coche y se dirigió hacia los niños, fue el delirio. Toda la gente empezó a correr hacia el Papa", ha dicho el Coordinador de la Visita y Obispo Auxiliar de Lisboa, Mons. Carlos Azevedo.
A su regreso a la Nunciatura Apostólica, el Pontífice ha recibido al Primer Ministro Portugués, José Sócrates, a quien acompañaban el Ministro de Asuntos Exteriores, Luis Amado, y el Ministro de la Presidencia, Pedro Silva. Benedicto XVI obsequió a Sócrates con un Rosario.
A su salida del Edificio, el Primer Ministro ha indicado que el Encuentro prueba que las relaciones del Estado Portugués con todas las Confesiones Religiosas "es excelente". Además, ha reconocido que Benedicto XVI es un hombre "culto y afable".
Este es el último Acto Público que mantendrá el Papa en Lisboa, ya que esta tarde (hora local), y tras la comida, se traslada hasta Fátima para conmemorar el Décimo Aniversario de la Beatificación de los Videntes Francisco y Jacinta.
CIUDAD DEL VATICANO, 12 MAY 2010 (VIS).- Después de celebrar la Santa Misa en privado, Benedicto XVI se trasladó al Centro Cultural de Belém para encontrarse con los Representantes del Mundo de la Cultura. El Papa fue acogido por el Obispo Manuel Clemente, de Porto, Presidente de la Comisión Episcopal para la Cultura y por el Director de Cine Manoel de Oliveira, que le dirigió unas palabras de saludo.
En el Discurso que pronunció a continuación, el Santo Padre afirmó que “la Cultura de hoy refleja una “tensión” que a veces toma la forma de “conflicto entre el presente y la tradición”. Sin embargo, añadió, “la valorización del “presente” como fuente de inspiración del sentido de la Vida, tanto individual como social, entra en conflicto con la fuerte tradición cultural del pueblo Portugués, profundamente marcado por el influjo milenario del Cristianismo y el sentido de responsabilidad global, que se afirmó en la aventura de los descubrimientos y en la entrega Misionera, compartiendo el Don de la Fe con otros pueblos”.
Este “conflicto” entre la tradición y el presente se expresa en la crisis de la Verdad —afirmó el Papa—, añadiendo que “un pueblo que deja de saber cuál es su Verdad, termina por perderse en los laberintos del tiempo y la historia, privado de valores claramente definidos y sin grandes metas”. Pero “la fidelidad al ser humano exige la fidelidad a la Verdad, que es la única garantía de la libertad y de la posibilidad de un desarrollo humano integral. Por esta razón, la Iglesia la busca, la proclama sin cesar y la reconoce allí donde se manifiesta. Para la Iglesia es irrenunciable esta Misión de Verdad”.
“Para una sociedad constituida en su mayoría por Católicos y cuya Cultura ha sido profundamente influenciada por el Cristianismo, se revela dramático el intento de encontrar la Verdad fuera de Jesucristo. Para nosotros los Cristianos, la Verdad es Divina, es el “Logos” Eterno, que adquirió su expresión humana en Jesucristo. (...) La coexistencia de la Iglesia, en su firme adhesión al carácter perenne de la Verdad, respetando otras “verdades” o con la verdad de los demás, es un aprendizaje que está haciendo la misma Iglesia. En este respeto dialogante se pueden abrir nuevas puertas a la transmisión de la Verdad”.
“La Iglesia debe ir hacia el diálogo con el mundo en que le toca vivir”, dijo Benedicto XVI citando las palabras de Pablo VI. “De hecho, el diálogo sin ambigüedades y respetuoso de las partes implicadas, es hoy una prioridad en el mundo y la Iglesia no quiere sustraerse a ella. (...) Una vez constatada la diversidad cultural hay que hacer que las personas no sólo acepten la existencia de la Cultura del otro sino que aspiren también a enriquecerse con ella y a ofrecerle cuanto se posee de bueno, verdadero y bello”.
Para “mostrar nuevos mundos al mundo”, afirmó el Santo Padre con el autor de “Os Lusíades”, Luis de Camoes: “Vosotros, (...) creadores de pensamiento y opinión tenéis (...) la posibilidad de hablar al corazón de la humanidad, (...) de ampliar los horizontes del conocimiento y el compromiso humanos. No tengáis miedo de dialogar con los creyentes, con los que, como vosotros, se sienten peregrinos en el mundo y en la historia hacia la Belleza Infinita”.
“Precisamente con el fin de infundir “en las venas de la humanidad actual la Virtud perenne, vital y Divina del Evangelio” —recordó Benedicto XVI— se realizó el Concilio Vaticano II, en que la Iglesia, partiendo de una renovada toma de conciencia de la Tradición Católica, toma en serio y discierne, transfigura y supera las críticas subyacentes a las fuerzas que caracterizaron la modernidad, es decir la Reforma y la Ilustración”. El Evento Conciliar “sentó los presupuestos para una auténtica renovación Católica y una nueva Civilización, la “Civilización del Amor”, como un Servicio Evangélico para el hombre y la sociedad”.
“La Iglesia —concluyó el Papa— considera su Misión prioritaria en la Cultura contemporánea, mantener despierta la búsqueda de la Verdad y, por consiguiente, de Dios; llevar a las personas a mirar más allá de las cosas penúltimas y lanzarse a la búsqueda de las últimas”.
Después del Encuentro con los Representantes del Mundo de la Cultura, el Pontífice se desplazó a la Nunciatura Apostólica de Lisboa para entrevistarse con el Primer Ministro de Portugal, José Sócrates.
«Id y haced discípulos de todos los pueblos, [...] enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (San Mateo 28, 20). Estas Palabras de Cristo Resucitado tienen un significado particular en esta ciudad de Lisboa, de donde han salido numerosas generaciones de Cristianos —Obispos, Sacerdotes, Personas Consagradas y laicos, hombres y mujeres, jóvenes y menos jóvenes— obedeciendo a la Llamada del Señor y armados simplemente con esta certeza que Él les dejó: «Yo estoy con vosotros todos los días». Portugal se ha ganado un puesto glorioso entre las naciones por el servicio prestado a la difusión de la Fe: en las cinco partes del mundo, hay Iglesias particulares nacidas gracias a la acción Misionera Portuguesa.
En tiempos pasados, vuestro ir en busca de otros pueblos, no ha impedido ni destruido los vínculos con los que erais y creíais, más aún, habéis logrado transplantar experiencias y particularidades con sabiduría Cristiana, abriéndoos a las aportaciones de los demás para ser vosotros mismos, en una aparente debilidad que es fuerza. Hoy, al participar en la construcción de la Comunidad Europea, lleváis la contribución de vuestra identidad cultural y Religiosa. En efecto, Jesucristo, del mismo modo que se unió a los Discípulos en el Camino de Emaús, camina también con nosotros según su Promesa: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». Aunque de modo diferente a los Apóstoles, también nosotros tenemos una experiencia auténtica y personal de la Presencia del Señor Resucitado. Se supera la distancia de los siglos, y el Resucitado se ofrece Vivo y Operante por medio de nosotros en el hoy de la Iglesia y del mundo. Ésta es nuestra gran alegría. En el caudal vivo de la Tradición de la Iglesia, Cristo no está a dos mil años de distancia, sino que está realmente presente entre nosotros y nos da la Verdad, nos da la Luz que nos hace vivir y encontrar el camino hacia el futuro. Está presente en su Palabra, en la asamblea del Pueblo de Dios con sus Pastores y, de modo eminente, Jesús está con nosotros aquí en el Sacramento de Su Cuerpo y de Su Sangre.
Saludo al Señor Cardenal Patriarca de Lisboa, a quien agradezco las amables palabras que me ha dirigido al comienzo de la Celebración, en nombre de su comunidad, que me acoge y que abrazo con sus casi dos millones de hijos e hijas. Dirijo un saludo fraterno y amistoso a todos los presentes, queridos Hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio, queridos Consagrados, Consagradas y laicos comprometidos, queridas familias, queridos jóvenes, catecúmenos y bautizados, y que extiendo a los que se unen a nosotros mediante la radio y la televisión. Agradezco cordialmente al Señor Presidente de la República por su presencia, y a las demás autoridades, con una mención especial del Alcalde de Lisboa, que ha tenido la amabilidad de honrarme con la entrega de las llaves de la ciudad.
Lisboa amiga, puerto y refugio de tantas esperanzas que ponía en ti quien partía, y que albergaba quien te visitaba; me gustaría usar hoy estas llaves que me has entregado para que puedas fundar tus esperanzas humanas en la Divina Esperanza. En la Lectura que acabamos de proclamar, tomada de la Primera Carta de San Pedro, hemos oído: «Yo coloco en Sión una Piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en Ella no quedará defraudado». Y el Apóstol explica: Acercaos al Señor, «la Piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios» (1 San Pedro 2, 6-4). Hermanos y hermanas, quien cree en Jesús no quedará defraudado; esto es Palabra de Dios, que no se engaña ni puede engañarnos. Palabra confirmada por una «muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas», y que el autor del Apocalipsis ha visto «vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos» (Apocalipsis 7, 9). En esta innumerable multitud, no están sólo los Santos Verísimo, Máxima y Julia, martirizados aquí en la persecución de Diocleciano, o San Vicente, Diácono y Mártir, Patrón principal del Patriarcado, San Antonio y San Juan de Brito, que salieron de aquí para sembrar la Buena Semilla de Dios en otras tierras y pueblos, o San Nuño de Santa María, que he inscrito en el Libro de los Santos hace algo más de un año. De ella forman parte también los «siervos de nuestro Dios» de todo tiempo y lugar, que llevan marcada su frente con el Signo de la Cruz, con el Sello «de Dios vivo» (Apocalipsis 7, 2), el Espíritu Santo. Éste es el Rito inicial que se ha realizado en cada uno de nosotros en el Bautismo, Sacramento por el que la Iglesia da a luz a los «Santos».
Sabemos que no le faltan hijos reacios e incluso rebeldes, pero es en los Santos donde la Iglesia reconoce sus propios rasgos característicos y, precisamente en ellos, saborea su alegría más profunda. Todos tienen en común el deseo de encarnar el Evangelio en su existencia, bajo el impulso del Eterno Animador del Pueblo de Dios, que es el Espíritu Santo. Al fijar la mirada sobre sus propios Santos, esta Iglesia particular ha llegado a la conclusión de que la prioridad pastoral de hoy es hacer de cada hombre y mujer Cristianos, una presencia radiante de la Perspectiva Evangélica en medio del mundo, en la familia, la cultura, la economía y la política. Con frecuencia nos preocupamos afanosamente por las consecuencias sociales, culturales y políticas de la Fe, dando por descontado que hay Fe, lo cual, lamentablemente, es cada vez menos realista. Se ha puesto una confianza tal vez excesiva en las estructuras y en los programas eclesiales, en la distribución de poderes y funciones, pero ¿qué pasaría si la sal se volviera insípida?
Para que esto no ocurra, es necesario anunciar de nuevo con vigor y alegría el Acontecimiento de la Muerte y Resurrección de Cristo, corazón del Cristianismo, el núcleo y fundamento de nuestra Fe, recio Soporte de nuestras certezas, Viento impetuoso que disipa todo miedo e indecisión, cualquier duda y cálculo humano. La Resurrección de Cristo nos asegura que ningún poder adverso podrá jamás destruir la Iglesia. Así, pues, nuestra Fe tiene fundamento, pero hace falta que esta Fe se haga Vida en cada uno de nosotros. Por tanto, se ha de hacer un gran esfuerzo capilar para que todo Cristiano se convierta en un testigo capaz de dar cuenta siempre y a todos de la Esperanza que lo anima (cf. 1 San Pedro 3,15). Sólo Cristo puede satisfacer plenamente los anhelos más profundos del corazón humano y dar respuesta a sus interrogantes que más le inquietan sobre el sufrimiento, la injusticia y el mal, sobre la muerte y la Vida del más allá.
Queridos hermanos y jóvenes amigos, Cristo está siempre con nosotros y camina siempre con su Iglesia, la acompaña y la protege, como Él nos dijo: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (San Mateo 28, 20). Nunca dudéis de su Presencia. Buscad siempre al Señor Jesús, creced en la amistad con Él, recibidlo en la Comunión. Aprended a escuchar su Palabra y a reconocerlo también en los Pobres. Vivid vuestra Existencia con alegría y entusiasmo, seguros de su Presencia y su Amistad gratuita, generosa, fiel hasta la Muerte de Cruz. Dad testimonio a todos de la Alegría por su Presencia, fuerte y suave, comenzando por vuestros coetáneos. Decidles que es hermoso ser amigo de Jesús y que vale la pena seguirlo. Mostrad con vuestro entusiasmo que, de las muchas formas de vivir que el mundo parece ofrecernos hoy —aparentemente todas del mismo nivel—, la única en la que se encuentra el verdadero Sentido de la Vida y, por tanto, la Alegría auténtica y duradera, es Siguiendo a Jesús.
Buscad cada día la Protección de María, Madre del Señor y Espejo de toda Santidad. Ella, la toda Santa, os ayudará a ser fieles discípulos de su Hijo Jesucristo.
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